Esta iniciativa, según Moreno, "requiere reformas estructurales que mejoren nuestra productividad, nuestra integración en la economía mundial y la capacidad de inclusión de nuestras políticas sociales".
Con base en la información que tiene el BID ¿cuál es, preliminarmente, el balance económico de América Latina en 2013 y cuáles son las perspectivas económicas de la región para 2014?
Para 2013 y 2014, el crecimiento en América Latina y el Caribe se prevé en torno a 3%, con diferencias considerables en sus cuatro regiones.
¿Por qué crecemos menos? Es una combinación de la desaceleración del crecimiento mundial, la caída de los precios de las materias primas y la prevista normalización de la política monetaria de Estados Unidos. La buena noticia es que, a diferencia de episodios anteriores, nuestra región no está en crisis, sino que estamos ante una tasa de crecimiento que se ha moderado en el medio plazo.
En otras palabras, estamos pasando de una etapa donde alcanzamos tasas de crecimiento altas, con condiciones externas favorables y buenos indicadores macroeconómicos, a otra etapa de tasas de crecimiento cercanas a nuestro potencial, un entorno externo menos favorable e indicadores macro más ajustados. Y en algunos países, con ciertos desequilibrios fiscales, de cuenta corriente y monetarios que deberían corregirse.
El peligro del malestar social
¿Cuáles son los retos económicos y sociales de América Latina para el medio plazo?
Mi principal preocupación es que nos quedemos de brazos cruzados ante el deterioro de las condiciones externas, la erosión de los equilibrios internos y la desaceleración de la economía mundial. Si esa es nuestra actitud, no debería sorprendernos que el resultado sea un menor crecimiento de nuestras economías, una mayor volatilidad y un creciente malestar social. Para satisfacer las expectativas de mejora de la calidad de vida de nuestros ciudadanos no alcanza con crecer a tasas inferiores a 3%.
Por eso creo que tenemos que alcanzar amplios consensos sociales y pactos nacionales que nos permitan mejorar significativamente el crecimiento a largo plazo, con reformas estructurales que mejoren nuestra productividad, nuestra integración en la economía mundial y la capacidad de inclusión de nuestras políticas sociales. En un reciente informe macroeconómico, "Replantear las reformas", calculamos que si llevamos adelante reformas que permitan reasignar recursos de actividades de baja productividad a los sectores con alta productividad, podríamos lograr un bono de crecimiento de 2,3 puntos porcentuales al año.
Esto más que compensaría los impactos negativos de los shocks externos. Si se hicieran estas reformas en toda América Latina, nuestra tasa de crecimiento potencial durante la próxima década podría estar por encima de 5%.
Una de las claves para alcanzar tales tasas de crecimiento es la integración regional, que permite una mejor reasignación de recursos y mayor productividad. Pero los niveles de integración latinoamericanos todavía son muy bajos. El comercio entre países de la Comunidad Europea representa 63% de su comercio global. Para los países del NAFTA, Estados Unidos, Canadá y México, es 49%. Para los del Mercosur, 14%. Y para los de la Alianza del Pacífico, apenas 4%.
Y tampoco es sólo cuestión de cuánto se crece sino de cómo se crece y para qué se crece. Necesitamos mejorar nuestra productividad para reducir las brechas de ingresos que nos separan de los países más desarrollados y para lograr una distribución más equitativa en nuestros propios países. Hemos mejorado algo en ese aspecto: ya no somos la región más desigual del mundo en términos de ingresos. Pero deberíamos proponernos metas como lograr financiar políticas sociales que nos lleven a alcanzar índices de desigualdad más parecidos a los de los países industrializados en un plazo de una década.
En el balance particular del BID, ¿cuántos recursos desembolsaron este año y cuantos están en camino para los distintos países?
Dentro de su línea de préstamos con garantía soberana, el BID está aprobando anualmente créditos en torno a los 10.000 millones de dólares, a los que hay que añadir otros 1.500 millones de dólares que son canalizados a proyectos de sector privado. En torno a 43% de esos créditos se destinan a proyectos de infraestructura, otro 33% a reformas y modernización del Estado y otro 16% a educación, salud y otras políticas sociales. En los últimos 8 años, hemos prácticamente duplicado el volumen (90% de incremento, de 6.000 millones en 2004 a 11.400 millones en 2012) de nuestras aprobaciones.
¿Qué expectativas tiene el BID sobre el comportamiento de la economía mundial el próximo año?
Es probable que la economía mundial mejore moderadamente su tasa de crecimiento hasta 3,5% en el 2014, si bien hay algunos riesgos a la baja que, de ocurrir, aplazarían nuevamente la vuelta a la ??normalidad? de tasas por encima de 4%.
El mayor cambio esperado es un ligero aumento del crecimiento de las economías avanzadas, en paralelo con una desaceleración de las economías emergentes. Algunos creen que se trata de un retorno al "decoupling" o desacoplamiento que experimentamos a mitad de la década pasada, pero al revés. Es decir, que serían los países desarrollados la locomotora del crecimiento mundial.
Hay ciertos riesgos externos que podrían afectar en mayor o menor medida a nuestra región. El primero es un eventual cambio de dirección en la política monetaria de Estados Unidos, que podría resultar en costos más altos y un menor acceso a los mercados de capitales. Otro riesgo sería una tendencia a la deflación en Europa. Y por último, el crecimiento de China podría desacelerar mucho más de lo previsto durante su transición de un modelo basado en la inversión a uno basado en el consumo. Este riesgo supondría un severo shock para los precios de las materias primas, y que afectaría especialmente a nuestros exportadores de metales y minerales.
América debe desarrollar su propio modelo de integración
¿Ve posible una consolidación de América Latina como un bloque socioeconómico, como ocurre en la Unión Europea?
Las economías de América Latina y el Caribe avanzan hacia la integración desde una diversidad de enfoques que tienen en cuenta las características propias de los países. En la actualidad, vemos un impulso renovado y reforzado a la integración tanto en materia comercial, financiera o de integración física en energía y transporte. El modelo de integración europea responde a circunstancias históricas únicas de Europa en el siglo XX relacionadas con las dos grandes guerras y que no son replicables en otras partes del mundo. América Latina y el Caribe, como otras regiones del mundo (Asia o África) deben desarrollar sus propios modelos, adecuados a sus realidades concretas.
SUBIDA POR: LORENA SALGADO